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sábado, 28 de febrero de 2026

La Profe Coquette

 



🌸 Introducción

En un aula donde los crayones hacen “paf-paf” al caer y las paredes saben guardar secretos, aparece ella: La Profe Coquette. Con su lazo brillante que parece tener vida propia y su agenda mágica que escribe sola, convierte cada día en un festival de risas, abrazos y ocurrencias.

No es una profe cualquiera: cuando un niño se equivoca, ella transforma el error en arcoíris; cuando alguien está triste, inventa un recreo chiquito en el corazón; y cuando la clase se aburre, ¡zas!, convierte las palabras en semillas que florecen en cuentos.

Así comienza esta aventura llena de ternura y carcajadas, donde aprender es tan divertido como inventar mundos nuevos. Porque en el universo de La Profe Coquette, la imaginación es la regla, la creatividad es la tarea, y la autenticidad… el superpoder más grande.


Capítulo 1:

“¡Qué hermoso dibujo! ¿Es un unicornio o una pizza?”

El aula de Inicial es un arcoíris en movimiento: crayones que ruedan como cochecitos, hojas que vuelan como mariposas, y risitas que llenan cada rincón.

Entra La Profe Coquette, con su lazo brillante que parece sonreír junto a ella y sus zapatillas coloridas que hacen “¡paf-paf!” como si marcaran el ritmo de una canción secreta.

Se acerca a una mesa y levanta un dibujo lleno de colores. Sus ojos brillan y dice con voz dulce: —“¡Qué hermoso dibujo! ¿Es un unicornio… o una pizza?”

Los niños la miran con inocencia. Uno responde muy serio: —“Es un unicornio que se esconde en una pizza, profe. Para que nadie lo encuentre.”

Otro agrega con entusiasmo: —“¡Y la pizza tiene alas! Porque quiere volar hasta la luna.”

La Profe Coquette sonríe con ternura, se lleva la mano al corazón y piensa que esas ideas son más mágicas que cualquier cuento. Su agenda coquette se abre sola y escribe: “Proyecto de la semana: inventar comidas con superpoderes.”

Los niños ya dibujan hamburguesas que cantan, helados que bailan y sopas que cuentan chistes. La Profe Coquette los observa con ternura infinita: sabe que enseñar es cuidar la imaginación como si fuera un jardín lleno de flores nuevas.

Así comienza la historia: con un unicornio escondido en una pizza, risas ingenuas y una profesora que convierte cada día en un abrazo de colores.

Capítulo 2:

“Vamos a respirar profundo… como dragones tranquilos.”

El aula parece un carnaval: crayones que ruedan como autos de carrera, niños que discuten quién tiene la mochila más brillante, y uno que insiste en que su borrador es un “queso mágico”.

La Profe Coquette, con su lazo radiante y zapatillas que hacen “¡paf-paf!” al caminar, levanta las manos como si fueran alas de mariposa y dice con voz suave: —“Campeones, vamos a respirar profundo… como dragones tranquilos.”

Los niños se quedan en silencio, sorprendidos. —“¿Dragones tranquilos? ¿No echan fuego?” —pregunta uno con ojos enormes. —“Sí, pero es un fuego suave, como una lucecita que calienta el corazón,” responde la profe con ternura.

Todos inflan sus mejillas y sueltan un “fuuuuuu” largo. El aula se llena de risas ingenuas:

  • Uno asegura que su dragón interior huele a galletas.
  • Otro dice que vio salir chispitas de colores.
  • Una niña insiste que su dragón respira arcoíris, pero solo los domingos.

La Profe Coquette sonríe, se lleva la mano al pecho y piensa que enseñar calma es también enseñar magia. Su agenda coquette se abre sola y escribe: “Ejercicio oficial: respirar como dragones que sueñan.”

El aula se transforma: los niños ya no corren como cohetes, ahora caminan despacito, como dragones que guardan secretos. Y en ese instante, la profesora sabe que la ternura también puede ser un superpoder.

 

 

 

Capítulo 3:

“¡Aplaudamos con las orejas!” (sí, lo intentan)

El aula está llena de emoción: los niños acaban de terminar sus dibujos mágicos y la Profe Coquette, con su lazo radiante y zapatillas que hacen “¡paf-paf!”, decide que es momento de celebrar.

Con una sonrisa que ilumina la sala, anuncia: —“¡Aplaudamos con las orejas!”

Los niños se miran confundidos. Uno se toca las orejas y pregunta: —“¿Pero… las orejas saben aplaudir?”

Otro niño, con total ingenuidad, mueve la cabeza de un lado a otro como si sus orejas fueran alas. Una niña se tapa las orejas y dice que escuchó un “plop-plop” dentro de su cabeza. Y el más pequeño asegura que sus orejas hacen “¡shhh!” porque son muy tímidas.

El aula se convierte en un festival de intentos adorables:

·         Un grupo inventa un “aplauso con las mejillas” que suena como besitos.

·         Otro decide que los pies también pueden aplaudir, golpeando el suelo como tambores.

·         Y uno más insiste en que su nariz quiere participar, aunque solo logra un estornudo.

La Profe Coquette ríe con ternura, se lleva la mano al corazón y aplaude con las manos, pero deja que los niños inventen sus propias versiones. Al final, todos coinciden: las orejas no hacen ruido, pero sí escuchan la alegría.

Su agenda coquette se abre sola y escribe: “Próxima misión: inventar nuevas formas de aplaudir — con la imaginación, con los sueños, con el corazón.”

El aula queda llena de risas suaves, como un aplauso invisible que solo los niños saben escuchar.

 

Capítulo 4:

“El mandil mágico de los secretos”

El aula está tranquila después de los aplausos con las orejas. Los niños se acomodan en sus mesas, pero todos saben que la Profe Coquette guarda algo especial en su mandil.

Con una sonrisa cómplice, ella acaricia el bolsillo polka-dot y dice: —“Este mandil tiene secretos… ¿quieren descubrirlos?”

Los niños abren los ojos como faroles. Uno susurra: —“Seguro guarda un dragón chiquito.” Otro responde con ingenuidad: —“No, es una nube que llueve caramelos.” Y la más pequeña asegura: —“¡Es un lápiz que dibuja sueños!”

La Profe Coquette mete la mano en el bolsillo y saca… ¡un puñado de stickers brillantes! Los niños aplauden con las manos, los pies y hasta con la nariz.

Pero el mandil no se queda quieto: cada vez que ella lo toca, aparece algo distinto. Una campanita que suena “ding-ding” como risa, un crayón que escribe corazones en el aire, y hasta una mini lupa que convierte las letras en mariposas.

Los niños ríen con ternura y se acercan, convencidos de que el mandil es un cofre mágico. La Profe Coquette sonríe y dice: —“El verdadero secreto no está en el bolsillo… está en su imaginación.”

La agenda coquette se abre sola y anota: “Mandil mágico = aula feliz. Proyecto: inventar bolsillos con poderes.”

El aula se llena de dibujos de bolsillos que guardan soles, estrellas y abrazos. Y así, entre risas ingenuas y sorpresas mágicas, la Profe Coquette demuestra que enseñar también es abrir puertas a lo inesperado.

 

 

Capítulo 5:

“Si te equivocas, no pasa nada… los crayones también se caen al suelo.”

El aula está llena de concentración. Los niños dibujan castillos, soles gigantes y gatos que parecen nubes. De pronto, un pequeño trazo se sale de la línea. El niño frunce el ceño y murmura: —“¡Me equivoqué!”

La Profe Coquette se acerca, con su lazo radiante y su sonrisa que calma tormentas. Se agacha y dice con voz suave: —“Si te equivocas, no pasa nada… los crayones también se caen al suelo.”

Los niños la miran sorprendidos. Uno suelta su crayón a propósito y exclama: —“¡Mira, profe, se cayó! Y sigue siendo un crayón feliz.”

Otro agrega con ingenuidad: —“Mi dibujo salió raro… pero ahora parece un monstruo simpático.”

El aula se llena de risas tiernas. Los errores se convierten en inventos:

·         Una línea torcida se transforma en un río mágico.

·         Un círculo mal hecho se convierte en un planeta nuevo.

·         Una mancha de color se vuelve un arcoíris escondido.

La Profe Coquette aplaude con ternura y dice: —“Los errores son caminos secretos hacia la imaginación.”

Su agenda coquette se abre sola y escribe: “Proyecto: inventar dibujos a partir de equivocaciones.”

Los niños comienzan a crear un mural de “errores mágicos”: manchas que sonríen, rayas que bailan y figuras que parecen cuentos nuevos. El aula se convierte en un lugar donde equivocarse es tan divertido como acertar.

Y así, entre crayones que ruedan y corazones que aprenden, la Profe Coquette enseña que la ternura también se dibuja con imperfecciones.

 

Capítulo 6:

“Un abrazo es como un recreo chiquito en el corazón.”

El aula está llena de colores, pero en una esquina un niño se encoge sobre su mesa. Su dibujo quedó manchado, el crayón se rompió, y la frustración le aprieta los ojos con lágrimas.

La Profe Coquette lo observa desde lejos. Sus zapatillas hacen “paf-paf” suaves mientras se acerca, y su lazo parece inclinarse con ternura. Se agacha, lo rodea con sus brazos y le susurra bajito: —“Un abrazo es como un recreo chiquito en el corazón.”

El niño suspira, como si soltara un peso invisible. Sus lágrimas se transforman en un respiro profundo, y su sonrisa tímida regresa poco a poco.

La profesora se levanta y habla al resto de la clase: —“A veces nos sentimos tristes o frustrados. Eso también es parte de aprender. Pero podemos calmarnos con un abrazo, con una respiración tranquila, o con una sonrisa compartida.”

Los niños la escuchan atentos. Uno pregunta ingenuo: —“¿Los abrazos tienen superpoderes?” —“Sí,” responde la profe con dulzura, “pueden curar corazones cansados y dar felicidad.”

Entonces comienza la práctica:

·         Un abrazo de amigos que ríen juntos.

·         Un abrazo de grupo que parece una montaña de ternura.

·         Un abrazo tímido que se convierte en un recreo secreto dentro del pecho.

La agenda coquette se abre sola y escribe: “Proyecto: repartir abrazos que calman y dan alegría.”

El aula se llena de pequeños corazones felices, como si cada abrazo hubiera sembrado una flor invisible. La Profe Coquette sonríe: sabe que enseñar emociones es tan importante como enseñar letras, porque los abrazos también escriben historias.

Capítulo 7:

“Hoy vamos a dibujar sonrisas… y pegarlas en la pared.”

La mañana empieza con un reto inesperado: la pared del aula está gris y aburrida. La Profe Coquette, con su lazo brillante y su mandil lleno de secretos, anuncia con entusiasmo: —“Hoy vamos a dibujar sonrisas… y pegarlas en la pared. ¡Así la pared también aprenderá a sonreír!”

Los niños se miran sorprendidos. Uno pregunta ingenuo: —“¿Las paredes tienen boca?” —“No, pero tienen corazón escondido,” responde la profe con ternura.

Comienza la misión:

·         Una niña dibuja una sonrisa que parece un arcoíris doblado.

·         Otro niño inventa una sonrisa con dientes de estrellas.

·         Uno más crea una sonrisa que se mueve, como si estuviera bailando salsa.

La pared se llena de sonrisas pegadas como ventanas mágicas. Cada dibujo parece abrir un portal a la alegría. Los niños ríen al ver que la pared ya no es gris: ahora respira colores y parece guiñarles un ojo.

La Profe Coquette se acerca al niño más callado y le dice bajito: —“Tu sonrisa también puede iluminar la pared.” El niño dibuja una sonrisa tímida, pequeñita, y al pegarla descubre que brilla más que todas.

La agenda coquette se abre sola y escribe: “Proyecto: convertir las paredes en espejos de felicidad.”

Al final, el aula se transforma en un mural vivo. Los niños sienten que cada sonrisa pegada es un recreo secreto guardado en el corazón. La Profe Coquette sonríe: sabe que enseñar también es pintar la alegría en los lugares donde nadie la espera.

Capítulo 8:

“Las palabras son semillas, si las cuidas… crecen cuentos”

El aula está distinta hoy. Los crayones descansan, los dibujos sonríen desde la pared, y los niños saben que este es su último día en Inicial. Mañana serán “grandes”, pasarán a primaria. Pero hoy, todavía son los campeones de la Profe Coquette.

Ella entra con su lazo brillante y una cajita pequeña en las manos. Sus zapatillas hacen “¡paf-paf!” suaves, como si marcaran el ritmo de una despedida alegre. Los niños la miran con ojos enormes, entre curiosidad y nostalgia.

—“Hoy quiero dejarles un regalo,” dice con voz dulce. “No es un juguete, ni un crayón… es algo que se guarda aquí.” Señala el corazón.

Abre la cajita y muestra tarjetas con palabras escritas en colores vivos: sol, amistad, abrazo, sueño, estrella. —“Las palabras son semillas. Si las cuidas… crecen cuentos.”

Los niños toman las tarjetas con emoción. Una niña recibe “estrella” y la convierte en un cuento sobre una estrella que baja a jugar en el recreo. Otro niño recibe “abrazo” y lo transforma en un puente invisible que une corazones. El más pequeño recibe “sueño” y crea una historia donde los sueños son globos que nunca se pinchan.

La Profe Coquette los escucha con ternura infinita. Sabe que mañana ya no estarán en su aula, pero cada palabra sembrada seguirá creciendo en ellos.

—“Cuando estén en primaria, cuando se sientan nerviosos o confundidos, recuerden esto: las palabras que inventan, los cuentos que crean, son su fuerza. La imaginación es su mejor amiga. La creatividad es su voz. Y la autenticidad… es su superpoder.”

Los niños la rodean en un abrazo gigante, como si quisieran guardar ese momento para siempre. La agenda coquette se abre sola y escribe: “Última misión: sembrar semillas de imaginación en cada corazón.”

La pared del aula, llena de sonrisas dibujadas, parece guiñarles un ojo. Los niños salen con sus mochilas, llevando en el pecho un recreo secreto y una semilla invisible.

La Profe Coquette se queda un instante mirando la sala vacía. Sonríe, porque sabe que cada palabra sembrada florecerá en cuentos nuevos, en risas futuras, en mundos que solo ellos podrán inventar.

Y así termina la primera gran aventura de La Profe Coquette: una profesora que convirtió su último día en un jardín de imaginación, creatividad y autenticidad.

🌟 Epílogo: "Las palabras que sembramos hoy serán los cuentos que nos acompañen mañana. Porque enseñar es plantar, y crecer es recordar que la ternura también tiene raíces."

 


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